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Voluntariado

De Turín al Patio Punitaqui: el voluntariado como puente de esperanza que cruza océanos

Martina y Alberto viajaron más de 11 mil kilómetros desde Italia para transformar realidades en Chile durante casi dos meses.

Martina y Alberto, voluntarios italianos en el Patio Don Bosco Punitaqui
Martina y Alberto, voluntarios italianos en el Patio Don Bosco.

Más de 11 mil kilómetros de distancia hay entre Turín y Santiago de Chile. Distancia que no fue un impedimento para Martina (33) y Alberto (35), dos jóvenes italianos que hace cuatro años decidieron viajar a diferentes países del mundo para encontrarse con la comunidad a través del voluntariado.

Así fue como conocieron Argentina hace dos años, donde participaron en un comedor social, y Perú hace un año, donde trabajaron en programas de infancia. Para los jóvenes, el voluntariado se ha transformado en el motor de su vida.

"Recibimos mucho amor; en cualquier lugar al que vamos, siempre recibimos más de lo que damos", señala Martina.

¿Por qué Chile?

Martina cuenta que Turín es una ciudad que respira los valores de la congregación salesiana y, cuando conocieron el trabajo de la Fundación Don Bosco a través de las redes sociales y el sitio web, coincidieron en que era un buen destino, pero también un importante desafío para la Fundación.

Esta es la primera experiencia de la institución con voluntarios extranjeros, quienes trabajaron en el Patio Don Bosco de La Florida durante casi dos meses —desde fines de enero hasta mediados de marzo— realizando talleres y jugando por las tardes con los niños.

Un hito histórico para la Fundación

Este hito representa un importante paso en la construcción de redes que trascienden las fronteras geográficas y permiten construir comunidad fuera de la Congregación, siempre transmitiendo los valores y el carisma salesiano.

Impacto en los niños

Según relata Martina, esta experiencia también tiene un impacto significativo en los niños que asisten al Patio.

"Cuando tú dices 'yo vengo de Italia', ellos quedan con la duda, no saben dónde está Italia y tú se lo vas mostrando en el mapa; ahí se dan cuenta de que está en el otro lado del mundo. Te preguntan cosas, son muy curiosos y quizás puede ser una inspiración para ellos saber que hay mucho más mundo, que pueden salir de su país, estudiar fuera, aprender idiomas".

Un espacio de esperanza

"Acá se puede ver cómo en un lugar donde hay narcotráfico y situaciones difíciles, está este espacio seguro, limpio, donde los niños pueden llegar todos los días; es algo que da mucha alegría y permite confiar en el futuro de estos niños", cierra Martina.

La experiencia de Alberto y Martina es un testimonio profundo sobre el impacto transformador del voluntariado y cómo la solidaridad puede influir positivamente en la vida de niños y jóvenes, ofreciéndoles nuevas herramientas para su desarrollo personal.

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